lundi 12 janvier 2026

Richard Wolff: documentos filtrados aclaran las verdaderas motivaciones de Trump para invadir Venezuela

El 3 de enero, nada más producirse la invasión y el bombardeo de Venezuela por fuerzas de EEUU y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, Richard Wolff se dirigió al público mejicano, a través de CAC Televisión, con un interesantísimo razonamiento basado en documentos filtrados que revelan las motivaciones de la administracion Trump para semejantes agresión y secuestros.
Richard David Wolff (1.04.1942, Youngstown, Ohio, EE. UU.) es un economista marxista estadounidense conocido por su trabajo en la metodología económica y el análisis de clase. Estudió diez años en universidades de EE. UU. (Harvard, Stanford y Yale). Es profesor emérito de Economía de la University of Massachusetts Amherst, y actualmente es Profesor Visitante en el Graduate Program in International Affairs (Programa de Posgrado en Asuntos Internacionales) de la New School de New York. Wolff enseñó Economía en la Universidad de Yale, City University of New York, University of Utah, Universidad de París I Panthéon-Sorbonne y The Brecht Forum de Nueva York.

Escuchen su argumentación sobre por qué lo sucedido en Venezuela demuestra más la debilidad que la fortaleza imperial. Tras el vídeo añado la transcripción.

Richard Wolff: DOCUMENTOS FILTRADOS Revelan el VERDADERO Motivo de Trump para INVADIR Venezuela, CAC Televisión Producciones, 3 ene 2026:



TRANSCRIPCIÓN (con cierta adaptación al castellano español. Los enlaces y acotaciones son de mi cosecha):


Permítanme decirles algo que va a cambiar por completo la forma en que entienden lo que acaba de ocurrir en Venezuela. Lo que Trump hizo anoche no fue una operación militar exitosa, no fue una demostración de poder, no fue el cumplimiento de una promesa de campaña, fue el último acto desesperado de un imperio que está perdiendo el control de América Latina y que decidió usar la violencia más brutal para intentar detener un proceso histórico que ya no puede frenar.
Yo llevo más de cinco décadas estudiando economías imperiales. He visto cómo nacen, cómo crecen y, sobre todo, cómo mueren. Y lo que presencié en las primeras horas de este 3 de enero de 2026 no fue el comienzo de una nueva era de dominio estadounidense en el continente, sino su certificado de defunción.
Porque cuando un imperio recurre a la invasión directa contra un país que no lo amenaza militarmente, cuando captura presidentes de naciones soberanas como si fueran criminales comunes, cuando viola todos los principios del derecho internacional sin ni siquiera molestarse en crear una justificación creíble, ese imperio está confesando que ya agotó todas sus herramientas civilizadas de control.
Pero aquí viene lo que casi nadie les está contando, lo que los grandes medios no van a analizar con honestidad, lo que los políticos de ambos partidos van a ocultar detrás de discursos patrióticos vacíos. En mis manos tengo documentos filtrados por fuentes dentro del Pentágono, 247 páginas de memorandos internos, análisis estratégicos y planificación operativa que revelan la verdad desnuda detrás de esta invasión.
Estos documentos no llegaron a mí por casualidad, llegaron porque dentro del propio aparato de seguridad estadounidense hay gente que entiende que lo que está ocurriendo no es defensa nacional, es locura imperial.

El primer documento está fechado el 15 de diciembre de 2025 y lleva el sello de Cosmic Top Secret. Su título es brutal en su simplicidad, “Operación último petróleo” [Operation Last Oil], fase final de recuperación hemisférica [By the way: The final phase of hemispheric recovery after a brain injury (like a stroke) is the chronic stage, characterized by brain plasticity where the brain reorganizes, often involving the healthy hemisphere and remaining networks to compensate, leading to gradual functional stabilization and consolidation of gains, though some residual deficits might persist]. En este memorando dirigido directamente al círculo más íntimo de Trump se establece algo que hiela la sangre.
Venezuela no fue atacada por narcotráfico, no fue atacada por derechos humanos, no fue atacada por democracia.
Venezuela fue atacada porque sus 300,000 millones de barriles de petróleo estaban a punto de escaparse definitivamente del control estadounidense hacia el sistema BRICS.

El segundo documento es aún más revelador, data del 28 de diciembre y detalla lo que ellos llaman “Línea roja petrolera” [“Oil Red Line”].
En él se explica con frialdad técnica que Venezuela había firmado acuerdos con China por un valor de 200.000 millones de dólares para los próximos 5 años. Estos acuerdos no solo incluían venta de petróleo en yuanes, sino transferencia tecnológica, construcción de refinerías y, lo más peligroso para Washington, integración completa del sistema financiero venezolano a la red BRICS.
El documento concluye con una frase que resume todo el terror imperial. “Si perdemos Venezuela al sistema BRICS, perdemos América Latina para siempre”.

Y aquí está la tercera filtración, la que me quitó el sueño cuando la leí: un cable interno de la CIA fechado el 2 de enero, apenas horas antes de la invasión, donde se explica por qué eligieron exactamente el 3 de enero para atacar. ¿Saben por qué? Porque es exactamente 36 años después de la captura de Manuel Noriega en Panamá.
No fue casualidad, fue simbolismo calculado. Trump y su círculo querían enviar un mensaje brutal a todos los gobiernos de América Latina. Esto es lo que les pasa a los presidentes que desafían nuestro orden. Pueden pasar décadas, pero siempre volvemos a cobrar.

Pero déjenme contarles algo que estos documentos revelan y que va directo al corazón de sus vidas cotidianas. Esta operación no costó los $2.800 millones de dólares que Trump está anunciando públicamente. Costó $12.400 millones, 12.400 millones de dólares de sus impuestos, de su dinero, del dinero que debería estar arreglando sus carreteras, financiando sus escuelas, pagando la atención médica de sus hijos. 12.400 millones que salieron directamente de sus bolsillos para financiar la captura de un presidente que jamás amenazó a Estados Unidos.
¿Y saben dónde fueron a parar esos 12.400 millones?
A los mismos lugares de siempre.
Lockheed Martin recibió 2.100 millones por servicios logísticos de emergencia.
Ratheon cobró 1.800 millones por sistemas de comunicación avanzados.
Boeing facturó 1.300 millones por transporte militar especializado.
Y la lista sigue y sigue.
Mientras ustedes pagan más por la gasolina, más por los alimentos, más por todo, las corporaciones del complejo militar industrial celebran con champán porque una invasión ilegal acaba de hacerlos más ricos.

Ahora quiero que entiendan algo que está pasando en Wall Street en este preciso momento y que conecta directamente con lo que sentirán en sus carteras en las próximas semanas.
Las acciones de ExxonMobil subieron 18% en las dos primeras horas después del anuncio de la captura de Maduro. [Donald Trump, dijo el domingo 11 que podría impedir que Exxon Mobil invierta en Venezuela después de que el CEO ‌de la petrolera calificara al país sudamericano de "ininvertible".]
Chevron aumentó un 15%. ConocoPhillips se disparó en un 22%.
¿Por qué?
Porque estas corporaciones saben exactamente lo que significa controlar las reservas venezolanas de petróleo. Significa ganancias por billones de dólares en las próximas décadas. Ganancias que van a salir directamente de los bolsillos de los consumidores de todo el mundo.
Pero aquí viene la ironía más amarga de todas.
Mientras Wall Street celebra y las petroleras planifican cómo dividirse Venezuela como un pastel, ustedes van a pagar el precio de esta victoria.
Los analistas económicos que conozco dentro del sistema financiero me han confirmado que esta operación va a disparar los precios del petróleo entre 15% y 22% en los próximos 6 meses. No porque haya escasez real, sino porque el mercado va a especular con la inestabilidad regional.
Ustedes van a pagar más en la gasolinera para financiar las ganancias de las corporaciones que financiaron esta guerra.

Y ahora llegamos al núcleo económico de todo este asunto, porque aquí es donde mi formación como economista marxista me permite ver lo que otros analistas deliberadamente ocultan.
Esta invasión no ocurrió porque Venezuela fuera fuerte, ocurrió precisamente porque Estados Unidos se está debilitando estructuralmente.
Cuando un imperio domina de verdad, no necesita invadir, negocia.
Cuando un imperio controla realmente, no captura presidentes, los compra.
La violencia directa aparece cuando los mecanismos sutiles de control han fracasado.
Durante las últimas dos décadas, Estados Unidos perdió sistemáticamente influencia en América Latina.
Brasil se acercó a China.
Argentina diversificó sus alianzas.
México comenzó a moverse con autonomía propia.
Colombia empezó a cuestionar la subordinación automática.
Chile, Perú, Ecuador, todos empezaron a explorar alternativas al dominio estadounidense y Venezuela fue el símbolo más claro de esa transformación, porque no solo se alejó del sistema dólar, sino que se convirtió en un puente entre América Latina y el bloque BRICS.

Los documentos filtrados revelan algo que me parece fundamental para entender el momento histórico que estamos viviendo.
Trump no invadió Venezuela desde una posición de fuerza, la invadió desde el pánico. En uno de los memorandos internos, fechado el 20 de diciembre se describe lo que ellos llaman “síndrome de pérdida hemisférica total”.
El documento explica que si Venezuela consolidaba su integración a BRICS, México tendría un ejemplo exitoso de cómo salirse del sistema estadounidense sin colapsar económicamente y ese ejemplo, según sus propios analistas, habría sido contagioso para el resto del continente.
Aquí es donde esta historia toca directamente a México y donde ustedes como mexicanos deben entender que lo que pasó en Venezuela anoche no es un problema lejano, es una advertencia directa.
En los documentos filtrados aparece una sección completa dedicada a lo que ellos llaman “Operación Reconquista Mexicana” [Operation Mexican Reconquest].
Sí, leyeron bien. Estados Unidos tiene un plan específico para México que incluye ultimatos económicos, presión financiera y si todo eso falla, intervención correctiva. El plan es aterrador en su simplicidad.
Primero, usar la revisión del USMCA [United States–Mexico–Canada Agreement] en julio de 2026 para imponer condiciones que conviertan a México en un protectorado económico. Segundo, si México rechaza esas condiciones, aplicar sanciones masivas que hagan que su economía se desplome.
Tercero, si las sanciones no funcionan, crear un incidente de seguridad nacional que justifique una intervención militar.
Venezuela no es el final del plan, es el ensayo general.
Pero aquí viene lo que más me inquietó cuando leí estos documentos. No es sólo la brutalidad del plan, es la desesperación que transpira desde cada página. Porque, por primera vez en más de un siglo, Estados Unidos se enfrenta a algo que jamás pensó que vería, un continente americano con alternativas reales al sistema dólar.
China ofrece comercio en yuanes.
Rusia proporciona tecnología sin condiciones políticas.
India abre mercados sin exigir subordinación.
Brasil lidera alianzas regionales independientes.
Por primera vez, decirle no a Washington no significa automáticamente desplome económico.
Y aquí es donde entra en escena algo que los documentos llaman protocolo de emergencia china. Porque la invasión de Venezuela no ocurrió en un vacío geopolítico. Ocurrió precisamente cuando China estaba a punto de anunciar el Fondo de Desarrollo Sudamericano, un paquete de inversión de 500.000 millones de dólares para los próximos 10 años, diseñado específicamente para ofrecer una alternativa a la financiación estadounidense en la región.
Los memorandos internos revelan que Trump sabía que tenía una ventana muy pequeña para actuar. Después del 15 de enero, Venezuela habría firmado acuerdos que habrían hecho imposible cualquier intervención militar sin riesgo de confrontación directa con China. Por eso la desesperación, por eso la prisa, por eso la violencia tan explícita.
Trump no invadió desde la fuerza, invadió desde el miedo.
Esta invasión va a costarle a cada familia estadounidense aproximadamente $2.400 adicionales durante 3 años, pero esa cifra no incluye los precios más altos de gasolina y alimentos.
Mientras tanto, las corporaciones que se benefician ya planifican cómo evadir impuestos sobre ganancias extraordinarias.

Esto es acumulación por desposesión [‘Accumulation by dispossession’ es un concepto del geógrafo y teórico social marxista britanico David Harvey que describe cómo el capitalismo crece no solo mediante la producción de nueva riqueza, sino también mediante la apropiación de activos, riqueza y recursos existentes de las comunidades o del público, convirtiendo los bienes comunes en propiedad privada para obtener beneficios. Este proceso amplía la idea de Marx de la acumulación primitiva. Implica el cercado de tierras comunales, la privatización de servicios públicos (como el agua y la sanidad), la gentrificación, el acaparamiento de tierras y la manipulación de crisis (como las financieras) para transferir valor de la mayoría a la minoría, a menudo utilizando el poder y la fuerza del Estado. Es un factor clave en las economías neoliberales, que desplaza el enfoque de la explotación laboral a la apropiación de activos].
El capitalismo necesita violencia directa para apropiarse de recursos controlados por otros. Venezuela no fue invadida, fue desposeída. Sus 300.000 millones de barriles no fueron liberados, fueron confiscados. Su soberanía fue eliminada.
Los imperios no recurren a violencia directa cuando se expanden, sino cuando se contraen.
Rusia no invadió Afganistán porque fuera fuerte, sino porque perdía la guerra fría.
Trump no invadió Venezuela porque controlara América Latina, sino porque América Latina se le estaba escapando.
La reacción internacional es reveladora.
China anunció un fondo de emergencia de 50.000 millones para países que sufran una agresión extranjera.
Rusia activó su doctrina de protección hemisférica y desplegó navíos en el Caribe.
Brasil, México, Colombia y Argentina propusieron un sistema de defensa colectiva sudamericana independiente de Estados Unidos.
En lugar de intimidar a la región, Trump la unificó contra él.
En lugar de demostrar poder, demostró debilidad.
En lugar de recuperar control, aceleró su pérdida.

Cuando un imperio entra en decadencia se vuelve más peligroso.
Un imperio en expansión puede ser generoso para mantener consenso interno.
Un imperio en decadencia sacrifica consenso interno para mantener control externo.
Menos inversión social, más gasto militar, menos derechos civiles, más estado policial. Lo que pasa en Venezuela es el primer acto. México está en la lista; después, Brasil, si Lula sigue acercándose a los BRICS; Colombia, si cuestiona su subordinación; Argentina, si abandona el FMI. Cualquier país que represente una amenaza al monopolio estadounidense afrontará una presión creciente.
Pero también hay una oportunidad histórica extraordinaria. Por primera vez desde la independencia latinoamericana existe alternativa real al sistema imperialista occidental.
China ofrece inversión sin condiciones políticas.
Rusia, tecnología sin subordinación estratégica.
India, mercados sin exigir reformas estructurales.
Para México esto significa que, por primera vez en más de un siglo, tiene opciones reales.
Puede mantener relaciones con Estados Unidos, pero ya no como única opción de supervivencia.
Puede negociar el USMCA desde una mayor fortaleza porque tiene alternativas creíbles.
Los documentos revelan que esto aterroriza a Washington.
Un análisis del 30 de diciembre describe el escenario pesadilla en el que México diversifica exitosamente sin sufrir un desplome económico.
Un México autónomo pero próspero se convertiría en imán gravitacional para América Latina.
Y aquí quiero conectar esto con la realidad de ustedes como trabajadores, familias, personas que viven la economía desde abajo. Todo esto no es un juego abstracto entre potencias. Es una lucha por decidir quién controla el valor de su trabajo, el precio de sus alimentos, el costo de su energía, las condiciones de su empleo.
Cuando Estados Unidos mantiene el monopolio del petróleo venezolano, puede manipular precios globales para disciplinar economías.
Cuando controla sistemas financieros latinoamericanos, puede usar una crisis de deuda para imponer austeridad.
Cuando domina cadenas comerciales, determina qué países se industrializan.
Todo cambia con alternativas reales.
Cuando China ofrece financiación sin exigir privatizaciones, los gobiernos pueden invertir sin empobrecer a sus pueblos.
Cuando Rusia proporciona tecnología energética sin condiciones políticas, los países pueden reducir costos sin subordinarse.
Cuando India abre mercados manufacturados, las naciones pueden industrializarse sin depender del consumidor estadounidense.
Por eso esta invasión no es sólo un ataque a Venezuela, es un ataque a la posibilidad de que cualquier país latinoamericano pueda elegir su propio desarrollo. Es un mensaje: ‘Si se atreven a imaginar alternativas, esto es lo que les pasa’.
Pero los imperios cometen errores cuando actúan desde la desesperación y Trump cometió uno gigantesco.
En lugar de intimidar a América Latina, le demostró que no tiene salida pacífica dentro del sistema estadounidense.
En lugar de convencerla de que la subordinación es conveniente, le enseñó que la subordinación nunca es suficiente.
En lugar de dividir a la región, la forzó a unirse por supervivencia.
La respuesta inmediata fue extraordinaria. [Claudia] Sheinbaum [, presidente de los EEUU Mexicanos,] anunció una revisión urgente de acuerdos de seguridad con Estados Unidos.
Brasil activó consultas de emergencia con China.
Colombia suspendió cooperación antidrogas con Washington.
Argentina comenzó conversaciones para adherirse a los BRICS en 2026.
El efecto fue exactamente opuesto al pretendido.
En lugar de aterrorizar para que volvieran a la obediencia, los empujó hacia las alternativas que trataba de eliminar.

Y aquí quiero cerrar con algo que me parece fundamental para que ustedes entiendan el momento histórico que están viviendo.
No están presenciando el comienzo de una nueva era de dominación imperial: están presenciando los estertores de muerte de un sistema que ya no puede mantenerse por métodos civilizados y se ve obligado a recurrir a la barbarie.
Esa transición es siempre peligrosa, siempre traumática, siempre costosa para los pueblos que la viven, pero también es liberadora, porque marca el final de una época donde un solo poder podía decidir el destino de continentes enteros sin consultar a nadie.
Si este análisis les ayudó a entender que lo que pasó en Venezuela no es una victoria del imperio, sino una confesión de su debilidad.
Si comprendieron que México está en un momento de oportunidad histórica, pero también de peligro máximo.
Si se dieron cuenta de que ustedes, como trabajadores, van a pagar el precio de estas aventuras militares mientras otros se quedan con las ganancias, entonces les pido algo.
Compartan esta información, no porque yo necesite audiencia, sino porque sus familias, sus comunidades, sus países necesitan entender lo que realmente está pasando. Porque cuando los pueblos entienden las fuerzas que operan sobre sus vidas, dejan de ser víctimas y empiezan a ser actores de su propia historia.

Lo que Trump acaba de hacer en Venezuela no es el comienzo del fin para América Latina, es el comienzo del fin para el Empire que durante más de un siglo decidió el destino de este continente sin preguntarle a nadie. Y eso, créanme, cambia absolutamente todo.
Pero antes de terminar, necesito contarles algo más de estos documentos que va a impactar directamente en sus bolsillos.
Wall Street no solo celebró esta invasión: la estaba esperando. Un memorando interno de Goldman Sachs del 15 de diciembre describe la Operación Reestructuración Petrolera. Las grandes corporaciones financieras ya tenían preparados los contratos para repartirse los activos venezolanos antes del ataque militar.
JP Morgan Chase manejará la transición financiera venezolana.
Bank of America reestructurará la deuda externa.
City Group supervisará la privatización energética.
Todo planificado antes del ataque.
¿Saben lo que eso significa?
Esta invasión nunca tuvo nada que ver con el narcotráfico o los derechos humanos.
Fue un robo corporativo planificado donde la violencia militar ejecutó un plan económico diseñado en Wall Street.
Un documento incluye proyecciones sobre recuperación de activos estratégicos hemisféricos.
El control energético venezolano generará entre 8 y 12 billones de dólares en 20 años.
¡12 billones de dólares! Más que el PIB de China, suficiente para eliminar la pobreza global tres veces. Pero nada de eso ocurrirá. Esos billones irán a accionistas de corporaciones que financiaron esta invasión, a cuentas offshore, a paraísos fiscales, mientras ustedes pagan impuestos más altos para financiar las operaciones que hicieron posible este robo.
Ahora, déjenme contarles sobre lo que está ocurriendo en Beijing.
China no va a aceptar esta agresión sin respuesta.
Xi Jinping [Secretario general del Partido Comunista de China] convocó una reunión de emergencia del Comité Central para decidir la respuesta estratégica definitiva.
Esta respuesta incluye tres elementos transformadores.
— China activará el Fondo de Protección Hemisférica con 200.000 millones de dólares para financiación de emergencia.

— Segundo, abrirá el Banco de Desarrollo de los BRICS [NBD, fundado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica en 2014 para movilizar recursos para infraestructura y desarrollo sostenible] para América Latina, con sede en Brasilia, ofreciendo tasas 60% más bajas que el Banco Mundial, sin condicionalidades políticas occidentales.

— Tercero, acelerará la integración latinoamericana al sistema de pagos en yuanes, permitiendo comercio directo sin dólares para finales de 2026.

¿La diferencia fundamental?
China necesita socios estables. Estados Unidos necesita subordinados dóciles.
China gana cuando sus socios prosperan. Estados Unidos sólo gana cuando sus socios permanecen dependientes.
Se ve claramente en África durante las últimas décadas.
China construye infraestructura, Estados Unidos destruye países.

Y aquí quiero abordar algo crucial para ustedes como mexicanos.
Los documentos filtrados contienen una sección sobre el "problema México".
¿Por qué se ha convertido en la mayor amenaza al dominio estadounidense, mayor incluso que Venezuela?
México tiene lo que Venezuela nunca tuvo. Mercado interno de 130 millones, base industrial desarrollada, fronteras directas con Estados Unidos y un gobierno explorando alternativas sin romper completamente.
Esta combinación aterroriza a Washington porque demuestra que es posible mantener prosperidad relativa mientras se reduce la dependencia del dólar. Por eso hablan de ‘Operación Reconquista Mexicana’, usando la revisión del USMCA en julio 2026.
Las condiciones incluyen prohibición total de inversiones chinas, acceso ilimitado a recursos energéticos mexicanos y el protocolo de intervención preventiva, que permitiría una intervención militar estadounidense si consideran que hay actividad hostil.
Esas condiciones son extremas: obligan a México a elegir entre la humillación total y la confrontación abierta.
Trump apuesta a que México elegirá la humillación porque cree que no tiene alternativas. Pero aquí Venezuela se convierte paradójicamente en una oportunidad histórica para México. México ahora sabe exactamente lo que le espera si acepta chantajes. Venezuela cooperó durante décadas, vendió petróleo en dólares, mantuvo relaciones cordiales y, aun así, terminó invadida cuando exploró alternativas.
El mensaje: la cooperación no garantiza respeto, sólo supervivencia temporal hasta que dejes de ser útil.
Esta lección cambiará los cálculos estratégicos mexicanos. Sheinbaum ya no puede vender la idea de que la cooperación garantiza seguridad. Venezuela demostró que no importa cuántas concesiones hagas: si el imperio decide que eres prescindible, te atacará de todas formas. Por eso esta invasión marca el final de una era.
Durante más de un siglo, el sistema funcionó porque los países latinoamericanos creían que tenían que elegir entre subordinación y destrucción. Venezuela demostró que la subordinación tampoco garantiza supervivencia.
Entonces, ¿para qué subordinarse?
Esta pregunta resonará en cada capital latinoamericana.
En México, cuando negocie el USMCA.
En Brasil, cuando China ofrezca alternativas.
En Colombia, cuando elija entre el plan Colombia y el plan BRICS.
Venezuela les enseñó que no hay salida segura dentro del sistema imperial.

Y aquí quiero terminar conectando todo esto con sus vidas.
Esta crisis no es solo geopolítica, es una crisis de legitimidad del capitalismo mundial.
Cuando un sistema económico necesita invasiones militares para mantenerse [Richard, esto es viejo, es la historia misma del capitalismo estadounidense desde sus orígenes], está confesando que ya no puede sostenerse por méritos propios. El capitalismo estadounidense se ha vuelto parasitario [siempre lo fue].
Necesita controlar recursos venezolanos porque su economía es insostenible.
Subordinar a México porque ya no puede competir con China.
Mantener América Latina cautiva porque el resto del mundo desarrolla alternativas.
Esa parasitización del imperio va a acelerarse intensificando la extracción desde sus propios trabajadores, reducir salarios para financiar operaciones militares, recortar servicios sociales para mantener el gasto de defensa, aumentar impuestos a la clase media mientras reducen impuestos a corporaciones que se benefician de estas guerras.
El imperio en decadencia compensará la pérdida de control externo intensificando la explotación interna.
Por eso esta crisis los afecta directamente. El dinero para estas aventuras sale de sus bolsillos mientras las corporaciones evitan pagar impuestos sobre ganancias extraordinarias.
Pero también hay esperanza en todo esto, porque los imperios parasitarios no son sostenibles indefinidamente.
Llega un momento donde el costo de mantener el control externo supera los beneficios que se extraen de ese control y, en ese momento, el sistema se desploma por su propio peso. Estamos aproximándonos rápidamente a ese punto.
La invasión de Venezuela le va a costar más a Estados Unidos de lo que va a ganar, porque va a acelerar la unificación de América Latina contra el dominio estadounidense.
Va a empujar a más países hacia los BRICS de lo que va a disuadir.
Va a demostrar que el sistema internacional basado en reglas es una farsa, lo cual va a legitimar que otros países también las violen cuando les convenga.
En otras palabras, Trump acaba de acelerar la transición hacia un mundo multipolar, que es exactamente lo opuesto de lo que pretendía lograr. Y en esa transición, países como México van a tener oportunidades que no habían tenido en más de un siglo para elegir su propio camino de desarrollo.
Esas oportunidades no serán fáciles, estarán llenas de riesgos, requerirán coraje político y claridad estratégica, pero serán oportunidades reales, no las ilusiones que el imperio vendía cuando dominaba sin competencia.
Lo que pasó en Venezuela marca el final de una época y el comienzo de otra. No sabemos exactamente cómo será esa nueva época, pero sabemos que será diferente y esa diferencia, por primera vez en muchas generaciones, puede ser a favor de los pueblos y no solo de las élites.
Si entendieron todo esto, si conectaron la invasión de Venezuela con su propia realidad económica, si se dieron cuenta de que están viviendo un momento histórico de transformación mundial, entonces han dado el primer paso hacia algo que el sistema siempre trata de quitarles, la conciencia de las fuerzas que operan sobre sus vidas. Y cuando los pueblos recuperan esa conciencia, los imperios empiezan a temblar porque se dan cuenta de que ya no pueden gobernar como antes y todavía no saben cómo gobernar de otra forma. Ese es exactamente el momento histórico que estamos viviendo ahora.


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